Pescadilla

El precio de la banda ancha en España es uno de los más altos de Europa y, en consecuencia, el nivel de alfabetización digital es de los más bajos. La pescadilla que se muerde la cola. Como somos unos catetos en cultura digital, nos importe un pito pagar el doble que los ingleses o los franceses por acceder a Internet. Total, es un producto de lujo que sólo sirve para ver porno y escuchar música por la cara. ¿Espacio de socialidad, comunicación, educación? El razonamiento es meridiano: Internet es caro porque es moderno. Y como nosotros somos muy modernos, pagamos sin rechistar. Y punto.

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I espera quan arribi l’IPhone, ens sablejaran per moderns, i de quina manera!.

La fi de Barcelona (2)

El modelo Barcelona

Tras más de 25 años de aplicación, el llamado modelo Barcelona está agotado. Las razones de su crisis son diversas y se producen al mismo tiempo que la necesidad de una revisión progresista del modelo de ciudad socialdemócrata que se ha desarrollado en Europa desde los años veinte del siglo pasado. El eje del modelo Barcelona ha consistido en promover grandes acontecimientos; en favorecer un entendimiento entre la voluntad social de la iniciativa pública y los intereses de la iniciativa privada, y en otorgar a los técnicos toda la iniciativa del proyecto urbano. Sin embargo, el Ayuntamiento ya no tiene el poder, la clarividencia y la capacidad para conseguir fuertes compensaciones sociales y urbanas de los operadores privados, tal como se había conseguido a mediados de los ochenta.

El cambio se ha producido, por lo menos, en tres sentidos. Han cambiado los operadores, que desde mediados de los años noventa forman parte del mundo financiero global y actúan con mayor desprecio por el contexto social, ambiental y urbano sobre el que intervienen. Ahora es más difícil encauzar sus intervenciones dentro de criterios municipales y en áreas de nueva centralidad, y resulta más rentable y tentador darles amplios poderes, como ya se hizo a finales de los noventa con el promotor Hines y su Diagonal Mar.

Ha cambiado la gestión municipal, más próxima a los intereses privados y llevada por técnicos menos competentes. En la reciente etapa la peor parte se la lleva la gestión del urbanismo. Los instrumentos de la disciplina urbanística, ya de por sí marcados por la sospecha de complicidad con la especulación, están cada vez más en entredicho. Si en Barcelona no hay tanta corrupción como en otras ciudades, sí que hay desconsideración hacia los vecinos afectados por cada una de las intervenciones.

Y también ha cambiado la composición social de la ciudad, mucho más fragmentada, con habitantes que ya han aceptado ser solo consumidores; habitantes que no se resignan a ello y exigen un urbanismo atento a la sociedad; inmigrantes de muy diversas procedencias, que ya son nuevos habitantes y que se van integrando, reclamando su derecho a más espacio público, cultural y simbólico; y turistas, habitantes por días, que consumen la ciudad como si fuera un parque temático y no un lugar donde viven personas.

En este sentido, la presión del turismo se nota cada vez más en ciertos barrios y es motivo de descontento entre una ciudadanía que ve sus derechos relegados frente a la preponderancia de la industria y el negocio turístico. Que les digan a los habitantes de la Barceloneta si no es la presión del turismo y de la gentrificación la que ha conseguido cambiar el Plan General Metropolitano para transformar un barrio que quedaba al margen y que ahora está en primera línea del frente turístico.

Respecto a la transformación social que comporta la inmigración, los responsables municipales han de reconocer que no sólo hace 25 años, cuando se fraguó el modelo, sino incluso hace 15 años, cuando se proyectó la reforma de Ciutat Vella, no se previó que se produciría en los últimos años esta fuerte transformación social. Y es cierto que Administración y ciudadanía, de momento, están respondiendo de manera integradora a este nuevo reto.

Estos tres niveles de cambio exigen una transformación de un modelo que se gestó antes y que los actuales gestores municipales no quieren ni plantear, tal como tampoco quieren reconocer que han incumplido la promesa de mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Ahora, cuando las propuestas municipales se refieren más a eslóganes que a realidades es cuando se ve la necesidad de una democracia más directa, crítica y completa. Pasado, presente y futuro de Barcelona son demasiado importantes para ser mal gobernados.

Las alternativas radican en unos nuevos referentes que pasarían, además de potenciar una ciudad mucho más sostenible y mucho más igualitaria (igualdad de géneros, igualdad de derechos para acceder a la vivienda), por un nuevo modelo urbano, metropolitano y participativo, con auténticos procesos de intervención, cuyos costes corrieran a cargo del municipio y no de los mismos vecinos, que sean libres y no manipulados, que devuelvan a una buena parte de la ciudadanía la confianza perdida en las instituciones y que consiga que las aspiraciones de los jóvenes encuentren lugares en las coordenadas municipales.

Los cambios que han hecho obsoleto el modelo Barcelona deberían convertirse en positivos, superando la autocomplacencia e incapacidad municipal para debatir las transformaciones necesarias y estimulando a la ciudadanía a que también lo haga. Sin embargo, lo que se hace es lo contrario: silenciar y perseguir en lo posible a todo aquel que tenga una idea alternativa de ciudad, que plantee nuevos modos de vida social y cultural, tal como se hace con el heterogéneo movimiento okupa. Y cuando la lucha vecinal es tan fuerte que al final se ha de retirar el proyecto previsto -de aparcamiento, de destrucción del patrimonio, de eliminación de se hace sin reconocer tal aportación y sin aprender que antes de proyectar y expulsar se debería estudiar, consultar y escuchar.

Si el modelo Barcelona surgió a principios de los ochenta como necesario motor para modernizar, actualizar y rehacer la ciudad, incorporando los operadores privados a los objetivos comunes, el modelo actual debería ser más social e imaginativo, expresión de los deseos de la ciudadanía, para que la democracia local logre contrapesar el dominio de los intereses de la globalización neoliberal. Para conseguirlo, el primer paso es reconocer el agotamiento del modelo y su necesaria transformación.

JOSEP MARIA MONTANER a El País 12/06/2007

La fi de Barcelona

Sé que el fin del azufaifo, el cedro y la palmera no es el fin del mundo, pero con pequeños malestares graves se va forjando un gran malestar grave y gestando ese rumor que muchos ya hemos escuchado y que habla de que, con la ciudad vendida a la especulación inmobiliaria y a un turismo indiscriminado y regalada la industria cultural a Madrid, estamos ante el fin de Barcelona. Ya no es sólo la barbarie que en una sola mañana a mí me ha alcanzado por tres ángulos distintos (una prueba de que el promedio de salvajadas tiene que ser grande), sino también esa incomodidad creciente de notar que la ciudad ya no es nuestra, que es un gran parque temático para extranjeros y que en realidad con tanta estupidez ya se ha producido -en los próximos años simplemente se confirmará- el fin de Barcelona. En cierta ocasión, le pregunté a Pep Guardiola si un futbolista, en el momento mismo de realizar la última gran jugada de su vida, podía llegar a intuir que con aquella gran jugada había llegado el fin de su carrera. ¿Sabe ya Barcelona que su gran carrera hacia la nada ha llegado a su final?

Enrique Vila-Matas. El fin de Barcelona. Diumenge 10/06/07 a El País.

Tallar i enganxar

Òmnium Cultural recull l'opinió dels internautes per fer una tria de protagonistes de la catosfera, que només poden ser dos-cents. La xarxa, infinita per definició, quan es tracta de catosfera s'ha de reduïr a un parell de centenars.

Però el primer que m'ha cridat l'atenció quan he arribat al formulari que recull els vots via Vilaweb i que és el que m'ha fet començar aquest post és l'avís que hi ha al peu per allò de cumplir amb la LOPD. Fixeu-vos, diu:

AVÍS: les dades del formulari seran emmagatzemades en un fitxer que permetrà una identificació inequívoca de la persona que s'ha subscrit. Si voleu efectuar una validació telefònica de les dades podeu deixar el camp 'Número de compte' en blanc i us trucaran. Les dades són facilitades voluntàriament, en cas de voler exercir el dret a modificar-les o eliminar-les cal fer-ho saber a Òmnium Cultural, Diputació, 276, pral. 08009 Barcelona.

Suposo que no es pensa que aquest tipus de missatges els llegeixi mai ningú, cal posar-los per cumplir la llei i prou. Ara bé, a mi m'ha sobtat que per expressar l'opinió sobre la catosfera em demanessin el número de compte i que, a més a més, m'oferissin la possibilitat de facilitar-lo per telèfon si jo, internauta coneixedor del bo i millor de la catosfera, no em refio de la xarxa per a facilitar aquesta mena de dades.

D'acord, està clar que l'avís està reaprofitat d'algun altre formulari, probablement del que utilitzen per inscriure nous socis, i no cal donar-li més importànica però potser el que caldria en aquesta catosfera és fixar-nos una mica més amb el que pengem a la xarxa.

Apa, res, només que em dec haver llevat punyetera avui!

Anem cap a pitjor?

Llegeixo a vilaweb que el nombre de periodistes assassinats el 2003 duplica el de l'any anterior.

El Comitè per la Protecció dels Periodistes ha presentat el seu informe anual, on s'alerta de la siutació de la llibertat de premsa arreu del món. No cal ni dir, que la causa principal d'aquest augment de crims és la guerra a l'Iraq.

El Pen Club Internacional ha estat desenvolupant durant els darrers mesos una campanya de denúncia sobre la situació al món dels escriptors empresonats, que a Barcelona conclourà amb un dels diàlegs del Fòrum

Em sembla que la societat de la informació ha topat amb un món on els valors encara no estan preparats per assumir-ne les conseqüències.

l'home és un llop per a l'home

Suportarem millor la barbàrie si pensem que vé de més lluny? Mal que ens pesi, humans ho som tots, i tots devem dur la llavor de l'horror a dins. Com deixem que s'arribi a aquests nivells d'odi? Com podem omplir-nos la boca amb la cultura de la pau mentre permetem que es vagi sembrant la llei de l'odi i la venjança arreu?

Manipulacions

Odio aquesta sensació de ser titelles a les mans d'algú que juga amb els nostres sentiments polítics, culturals i socials.

Ja n'hi ha prou de manipular opinions i menys en plena pre-campanya electoral.